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‘Titane’. La naturalidad del delirio

Fecha: 23/10/2021
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Ya he hablado, en otras ocasiones, sobre lo nutritivo -y demoledor- que me resulta la divagación como viaje de autoconocimiento. El resultado de este tipo de viajes suele ser el de un conjunto de pensamientos semejantes a cometas desorientados, que aparecen cuando quieren y como quieren y, aquello que les empuja a brotar es, ni más ni menos, la inquietud que hayas decidido llevarte a la cama ese día, después de trabajar, después de discutir o después de tener una indigestión. Es la fuerza que exprime la cabeza como un bote de pasta de dientes para liberar sus últimos restos, y verlos salir es como percibir la aleatoriedad de los sucesos de nuestras vidas y de los impulsos que nos hacen poner un pie delante del otro. Si algo es ‘Titane’ (2021, Julia Ducournau), es un ejercicio tanto automático como natural.

Lo posterior a esta travesía suele ser una especie de autocastigo. Es un mostrador de realidades que no suelen gustar, y acaban funcionando como disparos directos al estómago, dejando salir unos jugos gástricos que disuelven, poco a poco, las entrañas. Luego, todo termina, pero sabes que volverá a ocurrir, a pesar de haber colocado el parche de la autocompasión. El amor propio parece funcionar como el escudo definitivo para combatir las incoherencias del día a día. Una protección cerebral, dura y reluciente, hecha a medida con el mejor titanio del planeta que, a veces puede no funciona de la manera prevista, ya que nada podrá entrar, pero tampoco podrá salir. Es un amuleto expresivo, tanto del dolor como del amor.

Titane Primigenia

‘Titane’ expresa, a base de regurgitaciones y contracciones intestinales, el sufrir de la obligación de autorreprimirse y la violencia extrema hacia aquellos que solo buscan entenderte y comprenderte. Pero eso es acercarse demasiado. A lo mejor acaban conociendo más de ti que tú, y eso significaría perder el control. Un control que nunca has tenido claro si existe. La salida de este bucle es la siguiente: no ser tú.

Aprovecha la mínima oportunidad de volver a empezar o, de lo contrario, morirás. Al mismo tiempo, e independientemente del futuro en el que desemboques, el titanio te acompañará, como un rastro del pasado pegado a tu cráneo. Un símbolo permanente de aquellos tiempos del aceite y el motor. Tiempos en los que el único afecto recibido provenía de cuatro ruedas y una palanca de cambios. Tiempos que hicieron que una persona creciera llevando su relación con los automóviles hasta términos que saltan la valla de la admiración o el mero gusto por las carrocerías. Esto plantará la semilla definitiva, y regalará su fruto a la posteridad. Un fruto que mezcla carne para el futuro y una herencia metálica pretérita, mecido en la cuna del amor que algún día se pudo alcanzar, inmortalizando así el viaje de Adrien, un viaje que empieza con un joven de rostro desconfigurado, y con un padre cuyo retoño ha desaparecido hace 10 años.

Titane en proceso

El sendero extrema su expresión, llevando a los personajes por secuencias largas y posicionándolos al borde del plano, consiguiendo unas simetrías de extraña disposición. Altera los nervios y desestabiliza la compostura. Extravagante en el texto, y más disimulado en la cámara, escondiendo tras un conjunto de angulaciones sobrias, una paleta de colores neón, pasando de puntillas por un tono vintage, que se suma a la poesía del entorno, dramatizando cada mirada y cada magulladura. Es un camino de laceración física y mental -énfasis en las laceraciones- que deja marcas para cambiar el diseño de la protagonista y rubricar un resultado final muy diferenciado de su inicio, demostrando que, lo aparentemente injustificado -los cometas desorientados-, tienen una línea de acción que solo comprende la naturaleza. Es una historia de símbolos increíbles, pero que se aparecen de forma fantasiosa en nuestras realidades más turbias. No es una duda entre lo que es real o no. Es real y la poesía es tangible. Es un coro que presagia un mal augurio tras cada derrumbe emocional.

Titane Frontera

Mientras me retraigo en el asiento por el incipiente dolor carnal, pienso en que ‘Titane’ es algo que me hubiera encantado ver surgir de mi cabeza.

Ceder ante este fenómeno de la física más fugaz, es lo que me empuja a crear, y ‘Titane’ será una fuente de inspiración que me animará, cada vez que la recuerde, a narrar a partir de mí mismo, y dejarme llevar por la gravedad y observar qué es lo que siento que tiene que ocurrir a continuación, haciendo que, incluso cuando no parece que ocurre nada, esté ocurriendo de todo. Delirar es algo que abre las compuertas del tórax y destapa secretos e inquietudes. Quizás se pueda contar una comedia romántica de maneras muy parecidas, pero, como yo digo, cada uno tiene su pedrada. Nadie desvaría igual que otra persona. De alguna manera, la decadencia mental nos hace únicos, y expresarla nos hace aprender de nosotros. ‘Titane’ es única, porque es su propia caída hacia el pozo.

Delirar en la creación ha sido, para mí, una herramienta fundamental para expresarme con pureza y, la mayoría de veces, la pureza del pensamiento es aleatoria y disparatada. Por ello, no hay cosa que crea más realista y más creíble. Ese vómito, proveniente del dolor y plasmado en algo que contar, convierte tu cuerpo en un lugar más limpio, pues ahora has dibujado una salida nueva a la que puedes recurrir cuando quieras, y sé perfectamente que esto es el cliché del “con la escritura hago terapia”, pero, quien se dedique a crear cosas cosas y contar a través de lo que crea, sabe que es una salida mejor que cualquier refuerzo craneal, duro y reluciente, hecho a medida con el mejor titanio del planeta.

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