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‘The Many Saints of Newark’: Aquellos inicios violentos

Fecha: 23/10/2021
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Un cementerio con nombres conocidos, una voz en off familiar que pulula en el aire. De repente, es Nueva York en el año 1967, con la típica escenografía de aquellos barcos gigantes poblados de inmigrantes europeos. Allí conocemos a un joven Richard ‘Dickie’ Moltisanti, y a un niño Tony Soprano, que se encuentran con el padre del primero, un viejo y enojoso mafioso, y su joven y hermosa pareja. Los disturbios raciales y las peleas internas comienzan a desgastar al clan, en tanto que ‘Dickie’ demuestra que es un hombre de armas tomar, y no siempre en el mejor sentido.

La precuela de ‘The Sopranos’ en formato cinéfilo, dirigida por Alan Taylor y escrita por Lawrence Konner y el propio David Chase, -creador de la bestia-, nos pone en el universo mafioso de las décadas del 60 y del 70. Si hay algo en lo que acierta la película, es precisamente en la recreación de la época, desde el vestuario, el paisaje, pasando por una impecable banda sonora.

Lamentablemente, uno de los puntos flacos de ‘The Many Saints of Newark’, es su guión. Mientras pululamos por numerosas escenas de largas conversaciones y encuentros entre gangsters, y la historia va desarrollando un cauce muy eventual, nos preguntamos, ¿Hacía donde apunta el libreto? No es ni ‘Goodfellas’ ni un capítulo largo de la serie en la que basa la producción, es un mejunje.

No se equivoquen, el largometraje no es sobre los años juveniles de Tony Soprano. El apuntado en este asunto es el mencionado ‘Dickie’, que si bien no es la cara más carismática de la cuadra, en los momentos claves demuestra ser un personaje interesante.

¿Y cuales son esos momentos claves?  Son esos instantes en los que el susodicho saca su personalidad interna, y ahí vemos como la furia y la violencia destruyen cualquier rasgo de humanidad en un sujeto que termina encerrándose en una espiral sin retorno, enmarcado en una soledad que tal vez no soñó, mientras el poder lo corrompe y cada vez queda menos tiempo de salvación personal.

El joven Tony Soprano no tiene el protagonismo esperado.

El niño y eventual adolescente Tony, se exhibe como casi ingenuo, con mañas similares a la que tendrá su futuro hijo, pero sin demasiado interés en ingresar en territorios escabrosos. Es difícil imaginar inocencia en este personaje, aunque por otra parte, nadie nace con una arma en la mano.

Antes hablábamos del guión. Bueno, uno de los costales narrativos y consistentes del mismo refiere a los entretelones entre la ‘famiglia’ y un asociado negro de ellos, Harold McBrayer, que tiene planes propios entre sus manos. Precisamente una de las secuencias mejor realizadas, por así decirlo, es aquella que representa el epicentro y las ramificaciones de los nombrados disturbios raciales.

Liotta en una de sus dos caras. Aunque no tiene demasiados minutos, el experimentado intérprete se destaca en cada aparición.

Alessandro Nivola interpreta a ‘Dickie’ Moltisanti, en un elenco que incluye a Leslie Odom Jr, Vera Farmiga, al hijo de James Gandolfini, Michael, haciendo del Tony Soprano juvenil, y al reconocido Ray Liotta en un interesante rol dual. Como puede apreciarse, irán apareciendo personajes de la serie, en sus versiones más jóvenes, algunos con mayor versatilidad y estabilidad que otros.

¿Es ‘The Many Saints of Newark’ la precuela ideal de ‘The Sopranos’? No. ¿Es un film hecho a desgano solo para complacer al fanático de turno? Tampoco. Queda a mitad de camino, en ese sendero a medias que provoca incomodidad, esa triste incomodidad que se ha hecho cada vez más frecuente y que en este caso no logra explotar el máximo potencial del rico universo originado de la mano de una de las mejores series de TV que se conozcan.

Nota: 6 de 10

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