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‘The Crown’, Parte 4: Poder, egos y deber

Fecha: 19/01/2021
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Gran Bretaña. Fines de la década del ’70. Desde el Partido Conservador surge la figura de Margaret Thatcher, una impávida mujer que gana las elecciones y se convierte en Primer Ministro. Su agenda pronto chocará con la de la realeza, enfocada más en el destino de su hijo favorito, Charles, que ve la luz protocolar al final del túnel al conocer a un joven llamada Diana. Una muerte importante impactará en los pasillos reales, en una región británica castigada por desempleo y pobres expectativas económicas. Todo ello será el embrollo de la cuarta temporada de The Crown.

Aquí se abarcará el periodo 1979-1990, una época agitada para la corona, tanto a nivel externo como interno, con ramificaciones sociales y políticas que pondrán en jaque a cualquier intento de serenidad que quiera imponerse.

Thatcher buscará infligir su agenda y su poder, al mismo tiempo que demostrará poco afecto con las costumbres de la realeza. Su relación con la reina, si bien no roza la impertinencia, mostrará varias diferencias de opinión, que están atinadamente expuestas, en un choque de fuerzas de altos mandos. La ‘Dama de Hierro’, impecablemente interpretada por Gillian Anderson, en sus gestos y modismos, no tendrá tapujos para tomar decisiones fuertes. Entre otros hechos relevantes, se muestran, no en su esplendor, los entretelones de la recordada Guerra de las Malvinas.

Mientras tanto, aquella joven llamada Diana Spencer se encuentra de repente en un mundo de hadas. Pero toda fantasía choca con la realidad, y el Palacio de Buckingham se convertirá en un reino de soledad, protocolos y poco cariño. La chica brillará con luz propia y eso Charles lo sentirá. El heredero principal del trono se manejará con una eterna frustración entre su propio eclipse, el querer y el deber ser y eso se lo hará sentir a su futura esposa y a los suyos. Los diálogos entre el príncipe y Diana están bien logrados, mostrando una tensión llena de egos, en donde la bondad de una muchacha se mezcla con una serie de reglas y ejes tanto internos como externos a la que ella jamás se acostumbrará.

Emma Corrin compone a una gran Diana Spencer

Otro acierto y/o característica que exhibe esta temporada de The Crown es que muestra a Elizabeth II como una monarca todavía más absoluta, desde el punto de vista en lo que refiere al régimen. Aquella chica deseosa de cambiar el mundo conservará ya en su madurez sus ideales más fuertes, pero sabiendo que hay algo que trasciende cualquier hecho u opinión significativa: la corona.

Margaret, por su parte, seguirá -en un caudal menor, tal vez por su veteranía incipiente-, con sus ‘rebeldías’ y cuestiones personales, en tanto que Phillip hará sus apariciones con su tono de un sarcasmo casi sabio, lo que es habitual en la serie, mostrándolo con un aire que roza lo paternal, sin salirse de su libreto.

El elenco principal se mantiene respecto de la temporada anterior, con el agregado de la mencionada Anderson, Emma Corrin como Diana y Emerald Fennell como Camilla Parker-Bowles. Respecto de Corrin, el parecido con la recordada Lady Di es increíble, lo que le añade, más allá de su grata representación, un grado de realismo aun mayor.

The Crown demuestra una vez más que es una de las producciones de mayor excelencia de Netflix. Sus valores productivos, detalles, e interpretaciones la colocan en un pedestal en lo que al drama realista e histórico se refiere. Las vivencias de la monarquía continuarían en 2022, con un nuevo cast, para retratar seguramente a los últimos y también movidos 30 años de sucesos reales y universales.

Nota: 8 de 10

 

 

 

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