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‘Kentucky Route Zero’. El camino de las sombras

Fecha: 03/02/2021
Autor:

Este texto contiene spoilers sobre la trama de ‘Kentucky Route Zero’.

Me encantan los museos. Recientemente he tenido la oportunidad de revistar el CAAM desde que le perdí el ritmo a esto de salir de mi casa con asiduidad, es decir, hace ya una buena puñada de años. Me he redescubierto en las formas de expresión contemporáneas, una tendencia con la que me llegué a comportar de manera totalmente intransigente y escéptica, pero que, hoy en día, forma parte de mi manera de crear. Durante la exposición denominada ‘In/Out: Un mapa posible’, he encontrado algo con lo que no esperaba toparme.

Es una sensación cultural, porque mi vida está muy ligada al videojuego y todo lo que es capaz de expresar y hacer sentir, y se resume en que, la manera en la que podemos explorar un lugar como un museo y jugar conceptualmente con lo que tenemos delante, es decir, la expresión más moderna del museo y la evolución desde la importancia de la intención autoral, hasta la comprensión de esta intención como una lectura más y el nuevo peso de la interpretación del espectador como un elemento que acaba la obra en sí, es algo que he visto explorar a más videojuegos de los que yo creía, y no me estaba dando cuenta de la relación tan importante que tienen con las formas de expresión más próximas a nuestro tiempo.

¿Cuántas veces he cometido el error de separar cosas como ‘Kentucky Route Zero’ de todo aquello que elegimos denominar como “arte moderno” que, por lo general, está relacionado con aquel amasijo de trozos de metal que no entendimos, pero le dimos legitimidad por estar en un museo?

Es en este momento cuando aparece, de forma aplastante, una de las frases más interesantes de todo ‘Kentucky Route Zero’:

“¿Somos capaces de ver estas obras con la intención para la que el artista las diseñó? ¿De verdad queremos ser capaces?”

 

Kentucky Museo

 

Este título se expresa así, como un museo. Estamos hablando de una aventura de texto “point and click” contemplativa la mayoría del tiempo y, a veces, solo contemplativa, que en mi cabeza se define  como una exposición de sombras que necesitan ser comprendidas y, para explicarse, necesitan que tú les des un sentido en tus propias entrañas. Y no son sombras que supongan terror, precisamente. A veces las sombras tienen estrellas. A veces incluso hogueras. En otras ocasiones tienen gente que necesita soltarse y sentirse escuchada. Así, y de una forma muy parecida a un ejercicio de escritura automática-aunque estoy prácticamente seguro de que así ha sido-, de la mano del costumbrismo como fuente inspiradora de la cotidianeidad de los diálogos y experimentando con el significado de la sencillez de las mecánicas, ‘Kentucky Route Zero’ empieza a explorar sus ideas, con el hilo conductor más sólido y sutil que existe, que es el representado por todo lo que vemos y vivimos todos los días: La Ruta Zero.

Este lugar, inquietante y enigmático, sacado de la más inhóspita Kentucky, sus carreteras desoladas y su cultura camionera, una vez te contiene, se baña de una sensación que es de todo menos amenazadora, y aquí nos encontraremos con sus fantasmas: Los huecos que dejan las personas cuando se van, sus objetivos truncados y sus preguntas sin respuesta.

¿Y ahora qué?

 

Kentucky Fantasma

 

Todos estos fantasmas se encuentran en este camino en el que, o se comprenden y anhelan la tranquilidad juntos, o vuelven al sistema que ha frustrado sus futuros. Un sistema que prefiere ocultar su identidad y sus órganos para poder funcionar de una forma mucho más eficiente y certera. A aquellos que ya no tienen una aspiración poco les va a importar ser una pieza más para esos seres extraños, y mucho menos acabar convirtiéndose en uno más de ellos. Los extraños, siendo extraños, son invencibles. Siempre están observando. Pero tú eres otro tipo de ser extraño, uno que ni siquiera sabría reconocerse ni recordar a un ser querido. Los demás, aun en el marco de esta triste realidad, deciden ir a “La Zero”, que es la última carretera hasta el último destino. Cansados y suspirando agotados, pero apoyados y empatizando con sus alrededores, como los jadeantes y aparentemente incansables caballos subiendo una colina verde para poder observar el tranquilizador y pacífico ocaso y su reflejo en la interminable extensión verde.

¿Es posible empezar de nuevo? Eso es algo que ‘Kentucky Route Zero’ no puede responder.

Entre las sombras y los fantasmas nos moveremos, y encontraremos, en este título, un ejercicio íntimo sobre el significado del concepto de arte, sobre los propósitos de las personas, sobre sus sistemas y sobre lo poco que nos conocemos a nosotros mismos. También sobre la capacidad de la aventura de texto para poder expresar un discurso tan al servicio de la interpretación del público como este y sobre la sensorialidad que puede llegar a alcanzar un discurso a través de este maravilloso medio y sus conceptos de diseño. Minimalista y experimental como estructuras de lo estético y mecánico y, como resultado, transmisor de un abanico de sensaciones abrumador en cada capítulo e interludio. Se maravilla con cada pensamiento, con cada estrella fugaz que pueda servir para hablar de algo que se siente profundamente. Es un desahogo, pero contigo de la mano.

 

Tacto Kentucky

 

Al final, en un museo, lo que observamos son reflejos de personas. Sus sombras. Los contornos que dan la identidad. Tras nosotros, el sol proyecta nuestra forma sobre las formas de otras personas, y se mezclarán y se contaminarán unas de las otras. Sombras interpretando sombras y generando conclusiones propias. Son espectros que se enlazan a otros para intentar entenderlos. Son representaciones fieles de lo que nos codifica como personas, y serán los demás las encargadas de dar su propia solución a cada uno de nuestros códigos. La variedad de resultados es siempre algo fascinante.

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