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Ingenuo marinero .’Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’

Fecha: 16/05/2022
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El viaje entre las dudas ha terminado por dar a ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ un valor totalmente opuesto a las sensaciones con las que salí de la sala, y por eso es tan importante hacer esta clase de viajes.


 

Hice una pedorreta con la boca. Así, sin adornos ni matices poéticos ni coronas de flores que pudieran embellecer el gesto. Me dirigí con mi compañero de sala a mi coche con la sensación de haber visto una película más. ¿Por qué? Entonces lo tenía clarísimo y ahora soy víctima de una especie de amnesia porque ya no recuerdo por qué pensaba esto con tantísima transparencia.

El camino de vuelta a casa lo hice refiriéndome a ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ como una cinta con carencias emocionales, arcos de personaje subdesarrollados con un concepto dramático que pedía de la reflexión, de la sugerencia y de la abstracción de la realidad, porque no basta con retorcer el mundo un puñado de veces para ser un drama multiversal. Sí, había desplazado la mandíbula en sentido inferior unas cuántas veces, pero esas veces se murieron en sus crisálidas dejando el paso libre a espacios funcionales para resolver las inconveniencias de la trama. El recorrido por ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ había encontrado desembocadura en algo con muchas ganas de ser realmente demencial, con un drama al que le faltan trozos que asimilar para interiorizarlos y con un ritmo inasumible para esas mismas emociones que tanto se esfuerza en plantear.

Esta mañana me he dado cuenta de que me equivocaba. He despertado emocionado.

‘Doctor Strange en el Universo de la Locura’ es un festival del terror de explotación contemporáneo, que aprovecha a sus personajes monodimensionales para dotarlos de un carácter con sabor maniqueo, pero llevándolo hasta las últimas consecuencias de ese pasillo emocional, con una cadencia en los sucesos que no se va a parar a matizar nada ni a nadie y que lo acaba convirtiendo todo en una explosión de estilo, identidad y mamarrachismo que se guía de forma impulsiva al siguiente capricho. Esta película parece divertirse con estas características, donde las emociones definen a malos muy malos y a héroes socarrones, ambos muy carismáticos, con un tono de cómic setentero -y poses de héroe setentero- que recibe en sus brazos al terror más malrolleramente palomitero y, de vez en cuando, aderezado con tinte rojo. ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ se frota las manos esperando a la siguiente pulsión con muchísimas ansias de sorprenderse, emitiendo un perfume de carácter propio en el que ni le importan las costuras que se puedan adivinar -si es que esas costuras existieron alguna vez- ni lo poco desarrolladas que puedan percibirse sus emociones, porque no están en el plano de la reflexión y del drama sensible, sino en esas figuras que ríen en la oscuridad mientras juran que destruirán este mundo y su presencia supremamente malévola.

Y, aún así, creo que puedo recoger un testigo de la percepción inicial que, al fin y al cabo, tampoco sentía que fuera del todo mentira. Mantendré mis deseos de ver algo que, hasta en los momentos donde podemos suponer más simpleza, se hubiera mostrado fogoso e indomable. No son pocos momentos. El frenesí de los sucesos se mantiene, pero no aparece la extravagancia de la que hace uso en un peso equivalente a unos instantes más comedidos. ¿Pueden ser momentos que la película necesitara? No lo dudo. Si están, por algo es y es no es de mi incumbencia, pero no puedo evitar pensar que esto podría haber sido la enajenación tan extraña que estaba empujada ser en un porcentaje completo.

Soy, sencillamente, un traidor a mí mismo. Mi forma de enfrentarme a cualquier fruto de un medio creativo se basa en remar a favor de la obra para poder encontrar en mí la lectura que pueda favorecer positivamente lo que tengo delante. Gracias a este ejercicio he dado con sensaciones maravillosas muy parecidas a justificar lo injustificable con una convicción apabullante, y no son otra cosa que la sensación de haber encontrado su verdadero significado en el interior de mi propio corazón. Aquí no lo hice. ¿Por qué? Quizás es que lo que suele salir de Marvel no ha terminado de acostumbrarme interactuar más con su cine o, lo que es lo mismo, a poner más de mi parte. Es posible que esta concepción me predispusiera a encontrar en ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ otra cinta con generismos y elementos monodimensionales en los que ni ellos parecen confiar y esta es, creo, la principal diferencia.

Creo que ‘Doctor Strange en el Multiverso de la Locura’ está convencidísima de sí misma. Tenemos por costumbre decir que algo “se toma en serio” cuando, en realidad, queremos decir que contiene temas que suponen seriedad -que contengan grises y realismos emocionales varios-, y creo que es una afirmación equivocadísima. Esta propuesta es, después de mucho tiempo, la película que más se toma en serio de todo lo que he visto de Marvel.

Doctor Strange Mustio

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