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‘Dune’ (2021). El poder del desierto

Fecha: 18/09/2021
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La arena y el cielo azul, cuando se juntan en la línea del horizonte, crean un símbolo de incertidumbre y esperanza que no hace falta expresar con palabras. Solo hace falta mirar y sentir. Es una escena de quietud y contemplación que nos pone en contacto con nuestros pensamientos, allí, delante de dos desiertos opuestos, uno en nuestros ojos y otro a nuestros pies. La ‘Dune’ de Denis Villeneuve camina por este sendero, entre el vacío de la inmensidad y la apreciación de lo lejano con los ojos de la duda y el conflicto interno, hermanado con una atmósfera que acoge en su seno tanto la frialdad de la política y la traición, como lo místico y trascendental.

Dune

El lenguaje de ‘Dune’ es pura atmósfera. La cámara encuentra siempre una estampa que habla más que lo que pueda verbalizar el personaje, sobre el mundo y sus protagonistas, y puede sonar contradictorio hablar de expresión y una paleta de color que se queda entre ocres y grises, pero acaba siendo todo lo contrario, pues cada plano está mecido en una cuna de solemnidad. La luz cae a plomo en la escena, y se encarga de discernir entre los tonos de color para matizar una composición que retumba en el pecho por la tensión y la inquietante arquitectura. Es un plano que pesa y que se asienta en la arena para mostrar su grandeza, como un templo alzándose en desamparo. Sobrecoge y mantiene nervioso con lo visual, encadenándose con el sonido, que es una combinación de lo desconocido y lo tribal. Al final, configura un idioma que busca lo infinito, que habla sobre el abandono, sobre la soledad, sobre el miedo, sobre el honor y sobre la frontera entre la frigidez militar y la ascensión mística del desierto, solo con su pantonera y el encuadre. Ha creado un mundo que responde si le preguntas.

No he parado de ver a Jean Giraud, mejor conocido como Moebius, en cada segundo de ‘Dune’. Está en sus paisajes solitarios, en su vestuario orgánico, en su color y en los temas que todo lo dicho sugiere en su conjunto. La concepción de Moebius a la hora de crear otros mundos ha estado presente, sin ninguna duda, en la cabeza de Villeneuve. Y me arriesgo a apuntar, como referencia directa -no sé si es un riesgo, porque me parece muy evidente-, a la mítica obra ‘El Incal’, uno de los culpables de que la ciencia ficción sea lo que es hoy en día.

La expresión audiovisual de la ‘Dune’ de Villeneuve es algo que llevo esculpido a golpe de escoplo en el cerebro. Ya en ‘Blade Runner 2049’ me resultó una forma de hablar inspiradora y a la que acudir a la hora de crear. Sin embargo, esta emoción tan satisfactoria la intercalo con un pilar esperaba sentir reblandecer.

Dune

La trama mesiánica se desenvuelve de una manera que podemos esperar, pero, lo adivinable o predecible, si bello -gracias a su lenguaje audiovisual-, ya está ofreciendo otra cara del prisma. Es un camino en el que no hay puzle, sino observación, cosa que siempre me ha parecido igual de interesante que una trama capaz de replantarearse y rearmse. Las novelas originales de Frank Herbert -que no he tenido la oportunidad de leer-, empiezan con su primera parte en 1965, y creo que, en la cinta de Villeneuve, esto queda patente. Es un relato que se adivina clásico, pero con un tono que enriquece y completa este trazado de una forma diferente.

El problema, en mi opinión, está, fundamentalmente, en los diálogos. Lo clásico de la trama ya se ha roto con la estética. Incluso -esto puede estar pasando solo en mi cabeza- con el hecho de que esta trama del elegido sea un drama que, a veces se adivina, y otras veces falla en su predicción, pero sin más reacción por parte del personal más allá de la dureza del momento, la decepción y la presencia permanente de un futuro que ya no está tan asegurado, lo cual me hace pensar en si este camino ya está escrito y así parece asimilarlo el protagonista, de bravo corazón y de mirada intensa, como si la incertidumbre fuera su destino. Pero diría que las conversaciones necesitan sal y pimienta. Es una cinta de pocas palabras, y no estoy para nada seguro de que añadan otra dimensión que sumar al conjunto. Cierto es que, conforme avanza, transicionan de lo esperable a lo trascedente y enigmático, pero echo de menos algo de lírica, reflexión y apasionamiento, para que confluya con la tónica de lo audiovisual.

Dune

A pesar de esto, el poder del desierto será muy complicado de olvidar. Sigo con los pelos de punta al pensar en la ‘Dune’ de Denis Villeneuve y se me olvidan, a veces, los puntos que se me escurren de entre los dedos. ‘Dune’ es poderosa, y sigue siendo algo que habla por sí mismo y que se expresa con intensidad. El horizonte que separa desierto de cosmos, los lugares más enigmáticos, parece debilitarse ante un misterio que sugiere su respuesta, únicamente, dejando que ambos mundos empiecen a filtrar el uno en el otro, resultando en una combinación sagrada que todavía tiene preguntas que plantear.

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