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Crítica de ‘Falcon and The Winter Soldier’ – Episodio 3: Tráfico de Influencias

Fecha: 06/04/2021
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‘Falcon and The Winter Soldier’ vuelve una vez más, y si bien mantiene la irregularidad de sus episodios previos, puedo afirmar sin duda que estamos ante el mejor episodio de la serie hasta el momento (al menos hablando en términos de puro entretenimiento, ya que este tercer episodio amplifica el principal fallo de la serie, que será comentado más adelante). Si el anterior capítulo permitía el lucimiento de Wyatt Russel como el nuevo Capitán América John Walker, aquí presenciamos el regreso del maquiavélico Barón Zemo, que ya hizo las delicias de los espectadores en ‘Civil War’, y que aquí vuelve a robarse la función con cada una de sus frases, momentos y apariciones, permitiendo así el lucimiento de Daniel Bruhl. Cabe destacar también el papel de la agente Sharon Carter, también recuperada de ‘Civil War’ y protagonista de una de las mejores escenas de acción del capítulo.

Y es que las mencionadas escenas de acción son el punto más destacable del capítulo, ya que no solo destacan por su realización (como muestran esos largos planos de Carter luchando entre los contenedores, reminiscentes a esas escenas de John Wick) sino por la evidente mejoría en la sensación de impacto de los golpes, que como ya comenté en las anteriores críticas, había sido lo más flojo de estas escenas hasta el momento. Aquí los golpes duelen, y un puñetazo del brazo biónico de Bucky suena tan poderoso y devastador como debería. Y si bien los escenarios donde suceden los intercambios de golpes son menos imaginativos que en los capítulos previos, el trabajo de coreografía y sonido las convierten en las mejores escenas de acción de la serie hasta el momento, junto a ese inicio de temporada con Sam destruyendo terroristas y helicópteros. Mención aparte para el pequeño fragmento en el que Zemo se encarga de los matones restantes al final de la escena de los contenedores, donde demuestra ser una amenaza muy a tener en cuenta también a nivel físico.

A nivel de personajes, el volver a encarnar la figura del Soldado de Invierno parecía algo muy significativo para Bucky, pero apenas se hacen alusiones al respecto, salvo un pequeño momento en el que Sam le pregunta si se encuentra bien, a lo que Bucky asiente con una especie de gruñido. Puede ser un intento de sutileza, o quizá algo que se rescate en futuros capítulos, pero en este momento es difícil considerarlo como algo más que una oportunidad perdida de desarrollo convertida en simple fan-service. Sam queda relegado a un simple alivio cómico (muy efectivo, eso sí), olvidándose casi por completo de su trama con Sarah y de ese aparente componente de crítica social que se introdujo en el capítulo anterior. Finalmente tenemos a una Sharon Carter que parece haberse unido a este grupo de Policías Polis (y viendo como reparte es innegable que se trata de una bienvenida aportación al grupo), y a Zemo, que parece moverse en una escala de grises donde ayuda a nuestros protagonistas de buena gana ya que sus objetivos coinciden, pero no duda en asesinar al creador del nuevo suero del supersoldado, momento en el que se establece que, aunque sus objetivos sean los mismos, sus métodos no lo son.

El principal problema que parece tener ‘Falcon and The Winter Soldier’ (al menos hasta ahora) es el exceso de tramas y personajes. Si bien el primer capítulo hacía una labor magistral a la hora de presentar a los protagonistas y sus premisas y motivaciones, a partir de ahí han seguido introduciendo tramas y personajes que, si bien no molestan, podrían dañar el transcurso del resto de la serie, ya que a pesar de que nos encontramos en el ecuador de la misma, el final de este tercer capítulo no duda en introducir a ese personaje wakandiano (que, ya puestos, podría haber sido Okoye, en lugar de alguien que no ha tenido apenas líneas de diálogo desde su primera aparición), personaje que probablemente suponga una nueva subtrama, lo que a su vez podría llevar a la necesidad de un acelerón para cerrar la historia, afectando tanto al ritmo como a la satisfacción del respetable. Al menos es innegable que la serie aprovecha prácticamente cada escena para aportar algo, ya que en apenas un minuto de presencia de John Walker se muestra como quizá el puesto se le ha subido a la cabeza, y como pretende saltarse la ley a la primera de cambio, algo que no casa demasiado con el símbolo que representa. El mismo trabajo se hace con Karli Morgenthau, que en apenas dos minutos en pantalla sufre la muerte de alguien importante para ella (aunque no queda muy claro quién es) y lleva a cabo un atentado terrorista a espaldas de sus compañeros.

Una vez más, queda ver como prosigue la trama, que puede convertirse en una vorágine de personajes y subtramas que devore la serie o comenzar a cerrarse satisfactoriamente a partir del siguiente capítulo. Respecto al final, que confirma mi teoría de que los cliffhangers de esta serie están fuertemente inspirados en los cómics, probablemente este sea el más flojo de los tres, ya que el personaje que se introduce no parece demasiado interesante de base, sino más bien por ser Wakandiana y, sobre todo, por servir como herramienta para ahondar más en la psique de Bucky, ya que sin duda veremos alguna conversación entre estos que haga referencia a su tiempo pasado en Wakanda. 

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