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‘Annette’. Paradoja de un drama imparcial

Fecha: 12/09/2021
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El éxito, la desmedida ambición y lo que estos provocan en nuestros seres queridos, cuesta abajo y hacia el abismo. ‘Annette’ (2021), un musical de Leos Carax, cuenta un proceso que hemos visto en los medios las veinticuatro horas del día, y que la sociedad ya tiene tatuada en su cosmovisión, además, con un horripilantemente amplio abanico de variaciones. Kafkiana y decadente, ‘Annette’ atrapa una de estas historias en un monólogo teatralizado y alegórico sobre un humorista roto, una soprano de gran reconocimiento y su retoño común, Annete. Ya conocemos esta historia. Sabemos que esas vidas trazan líneas hacia pozos sin fondo y es precisamente por eso, por el potencial dramático, que es una historia ideal para un lenguaje escénico como el empleado en esta cinta. La canción como un reclamo de ayuda a un dios, que en alguna parte tiene que estar, o la exageración del sentimiento y, por tanto, simbolizado, son elementos exquisitos para hablar de declive y perdición.

Sin embargo, algo me mantiene inquieto.

Annette

‘Annette’ exhibe un texto que redunda en frases y conceptos como si de un inestable bucle mental se tratase y que se desgarra el pecho ante la luz lunar para que el astro nocturno apacigüe su sombra, pero, a mi modo de leer esta cinta, la cámara no le saca todo su jugo. Puedo comprender que ‘Annette’ musicaliza un mundo creíble dándole un cariz de teatro -cosa que, por cierto, me maravilla-, a la vez que el plano y la angulación se dedican a anclar esta historia a la tierra, todo en paralelo y a la altura de la vista del espectador, para mezclar dos mundos en uno que esté a nuestro alcance, pero que no podamos reconocer del todo. Aprecio esto de los métodos de Thomas Vinterberg en ‘La Caza’ (2012), por ejemplo, para narrar algo terroríficamente real. Ver la trama desatada me hace pensar en que esto no debería estar pasando, pero así es. Está ocurriendo, y justo delante de mí. Pero ‘Annette’ me pide poesía. Es lírica pura, y la he echado de menos en pantalla. He intentado hacer un esfuerzo en encontrar, visualmente, algo que llene el plano de expresividad más allá de lo verbal. Una luz de un color irreal, un plano que destruya la línea del horizonte o cualquier otro recurso que hable por sí mismo y añada otra capa interpretativa.

Annette Driver

No conozco a Leos Carax. No he visto ni ‘Chico conoce a chica’ (1984) ni ‘Los amantes de Pont Neuf (1991) ni ‘Holy Motors’ (2012). Me gustaría hacer comparaciones y decir que esto podría ser el posible cambio de perspectiva de alguien de naturaleza estridente y excéntrica hacia algo diferente y, quizás, así podría hacerle más justicia. Por otro lado, no estoy tan seguro de que esto pudiera salir de mi tráquea en algún momento porque, si algo reclama ‘Annette’, es excentricidad, y la siento asomarse contadas veces. No las suficientes.

No noto a ‘Annette’ dejarse llevar creativamente, y esto me da una rabia de esas que te hace apretar un poco el puñito pero, he de decir que ‘Annette’ se hace apreciar, por existir, por seguir queriendo experimentar, por querer ser ella misma y por ser producto de un grupo de gente que quiere ir hacia donde sus palpitaciones les guíen o, al menos, esa es la impresión que me dan. Transmite libertad.

‘Annette’ busca el símbolo y la alegoría a pesar de detonar en pantalla menos veces de las que me gustaría y, aunque sean pocas las ocasiones, lo hace, y de maneras peculiares y con identidad. El propio concepto del mundo reconocible y tangible, pero llevando su sensibilidad a lo irreal y dramático de un escenario, ya es algo que tiene todas las de expresarse de maneras únicas. Y es maravilloso. Necesitamos a ‘Annette’ con nosotros. De no tener cosas como estas, el mundo sería muy muy aburrido.

Annette Todos

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